WASHINGTON (AFP) — Las violentas manifestaciones provocadas en Irán por el resultado de la elección presidencial revelaron una profunda crisis de legitimidad del régimen, que socava la autoridad misma del guía supremo, Alí Jamenei, según los expertos.
"La crisis no responde ya a la cuestión de quién es el presidente, sino a la de qué es más importante para decidir los asuntos terrenales: si la ley divina o la Constitución", resume Robin Wright, periodista y experto del Centro Woodrow Wilson en Washington.
Aunque las miradas estén concentradas en la cuestionada reelección de Mahmud Ahamdinejad en la presidencia, lo que hoy está en juego es el sistema teocrático instalado por el ayatolá Ruhollá Jomeini en 1979 y la autoridad de su sucesor, Alí Jamenei, según los analistas.
El ayatolá Jamenei afirmó el viernes que "no cedería a la calle" y advirtió contra "la sangre, la violencia y el caos" que se apoderarían de Irán si continuaban las protestas callejeras.
Sin embargo, una nueva manifestación tuvo lugar el sábado. Al menos diez personas resultaron muertas, según los medios oficiales iraníes, en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad.
No es la única fisura en el apoyo al guía supremo. Según algunas informaciones, el ex presidente Akbar Hashemi Rafsanjani, jefe de la asamblea de expertos encargada, entre otras cosas, de supervisar la actividad del guía supremo, habría reunido en torno suyo y en contra de Jamenei a una coalición de ayatolás.
"Son las bases mismas del régimen, sagradas en otro tiempo, las que hoy se desafían en Irán", estima Karim Sadjadpur, reconocido especialista sobre Irán, en una entrevista publicada en el sitio de internet del Consejo de Relaciones Exteriores.
"El pueblo comienza a cuestionar directamente al Veyalat Al-Faqih, el sistema de gobierno creado en 1979 por el ayatolá Jomeini" y en virtud del cual la autoridad del guía supremo para gobernar Irán viene directamente de Dios, agrega.
"No se ha visto jamás que el pueblo desafíe abiertamente la legitimidad de Alí Jamenei como guía supremo", afirma.
Tras dos mandatos de presidente, Jamenei se convirtió en el guía supremo en 1989, ya criticado por su falta de cualificaciones teológicas.
Pero luego amplió su influencia sobre la Policía e instancias decisorias como el Consejo de Guardianes de la Constitución, la presidencia, el Parlamento y los Guardianes de la Revolución, el ejército ideológico del régimen.
"De diferentes maneras, Jamenei se ha convertido en un sha moderno, con un turbante en lugar de una corona", opina Karim Sadjadpur. Pero "cometió un error de juicio: esta elección --¿o debería decir esta 'selección?-- fue un insulto a la inteligencia del pueblo".
Menos de 24 horas después del escrutinio, el ayatolá Jamenei confirmó la victoria de Mahmud Ahmadinejad a la presidencia, y se refirió a la misma como una "bendición divina".
Pero dos días más tarde, cuando la protesta crecía, el guía supremo pidió al Consejo de Guardianes de la Constitución que analizara las quejas por fraude presentadas Mir Hossein Musavi, principal candidato opositor.
Según Laleh Jalili, profesor en la Escuela de Estudios Africanos y Orientales de Londres, "Jamenei no dispone del crédito que tenía el ayatolá Jomeini, no tiene el mismo carisma".
Pocos analistas se animan a predecir, no obstante, cuál será el resultado de estas violentas manifestaciones.
"Una represión violenta, aunque tenga éxito, sólo sería la primera parte de una larga batalla" que puede conducir a la desestabilización del régimen teocrático islámico, señala Michael Eisenstadt del Instituto de Estudios de Medio Oriente de Washington.
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