Lourdes (Francia), 15 jul (EFE).- Andrey Amador, primer ciclista costarricense en el Tour de Francia, ha decidido desafiar al dolor que le produce un esguince de tobillo grado 2 que se produjo en la primera etapa, situación casi extrema que supera gracias al apoyo que diariamente recibe de su país, donde se acaba de emitir un sello con su figura.
Amador, de 24 años, dice, un tanto sorprendido, que en Costa Rica "se creen que soy Armstrong". Tal es la expectación creada en torno a su participación en la carrera más importante del mundo, a la que vino de rebote, ya que la idea del equipo era inscribirlo en el Giro de Italia.
Pero Amador, que vive en Pamplona (Navarra) desde hace seis años empezó la temporada con desgracia, ya que poco antes del Giro se fracturó una clavícula. El equipo Movistar cambió de planes e invirtió confianza en el ciclista "tico".
"Andrey es muy joven y no tiene experiencia, pero confiamos mucho en él porque tiene margen de progresión y un gran potencial. Es un corredor con un gran motor, y le falta definirse, si es para clásicas, la media montaña.....", señala Eusebio Unzue, director del Movistar.
La confianza del equipo es evidente, como prueba el hecho de que Amador acaba de renovar tres años más. Esas aptitudes que lleva dentro no las ha podido demostrar en el Tour, pues en la primera etapa se produjo un esguince de tobillo que aún arrastra.
"Las molestias le obligan a adoptar en la bicicleta una posición diferente a la habitual, por eso muscularmente está muy tocado. Sigue en carrera porque en su país le están siguiendo muy de cerca", comenta Unzue.
El ciclista costarricense se acuerda de sus padres a la hora de valorar su debut en la "grande boucle". Rodolfo Amador y Raiza Bikkazakova, de nacionalidad rusa, se sacrificaron para que tanto Andrey como su hermano Iván, ya retirado, se dedicaran al ciclismo, aunque la condición para dedicarse a la bicicleta pasaba para el corredor del Movistar por acabar el bachillerato.
Aquel primer impulso le permiten ahora valorar su estreno en la mejor carrera del mundo. Pasado el ecuador de la carrera, Amador comenta sus sensaciones.
"Estoy sorprendido de lo que mueve el Tour. Personalmente he tenido la suerte de espaldas. Me ha resultado muy difícil hacerme un sitio en el equipo y cuando lo consigo tengo la mala suerte de caer el primer día y lesionarme el tobillo. En el Movistar hemos tenido dos caras, la mala con las bajas de Intxausti y Kiryienka y la buena con la victoria de Rui Costa y la pelea de José Joaquín Rojas por el maillot verde", comentó en la salida de la decimotercera etapa, en Pau.
Hablando sobre sus virtudes como ciclista, Amador destaca "las ganas, el coraje y la capacidad de sufrimiento", y como defecto apunta a cierta tendencia "a tirar la toalla" cuando las cosas no le salen bien, hecho que cuesta creer viéndole en qué condiciones sigue en el Tour de Francia, en cuya clasificación ocupa el puesto 172, cuarto por la cola.
En el aspecto humano, Amador ha calado profundamente entre los compañeros y técnicos del Movistar.
"Es un chico muy extrovertido, su nombre se adapta a su carácter. Es un tipo curioso, con fuerte temperamento. Nos produce confianza, por eso le hemos renovado tres años", señaló Unzue.
Amador se toma con buen humor las noticias que llegan de su país acerca de sus andanzas en el Tour de Francia. "Que me hayan hecho un sello me llena de orgullo, un detalle muy bonito. No sé si merezco tanto", bromea. "Lo cierto es que en Costa Rica se creen que soy Lance Armstrong".
El ciclista "tico" no tiene siete títulos del Tour como el estadounidense, pero en su debut ha demostrado un "coraje especial", como dice Unzue. De lo contrario, ya estaría viendo el Tour por la televisión.
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