Ciudad histórica de Toledo
Descripción general
Ubicación: Toledo, España, Europa
Tema: Ciudades y pueblos
La impresionante arquitectura y los monumentos de la ciudad de Toledo, en el centro de España, reflejan la confluencia de las culturas medievales judaísmo, islam y cristianismo.
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Ciudad histórica de Toledo
La ciudad de Toledo ejerció una considerable influencia durante el periodo visigodo, como la capital de un reino que se extendía hasta la región de Narbona. También durante el Renacimiento, época en la que se convirtió en uno de los centros artísticos más importantes de España. La ciudad ofrece el legado excepcional de varias civilizaciones desaparecidas: Roma, con vestigios del circo, el acueducto y el sistema de alcantarillado; o el dominio visigodo, con los restos de la muralla del rey Wamba y los artefactos conservados en el Museo de Santa Cruz. El Emirato de Córdoba construyó muchos monumentos islámicos: los embarcaderos del puente derruido del Baño de la Cava, la Puerta Vieja de Bisagra, la mezquita de Las Tornerías, la mezquita Bib Mardum (un oratorio privado que se terminó de construir en el año 999), los baños árabes en la Calle del Ángel y la Calle Pozo Amargo, entre otros. A partir del año 1085, después de la reconquista, se edificaron destacados monumentos religiosos judíos, como las sinagogas de Santa María la Blanca (1180) y El Tránsito (1366), y también iglesias, o bien en la misma ubicación que tenían anteriormente (la catedral, fundada en el siglo VI por San Eugenio, se había transformado en una mezquita), o bien ex nihilo (San Román, Santiago, San Pedro Mártir, etc.). Además, Toledo posee una amplia variedad de estructuras del periodo medieval, con muros y fortificaciones, como el Castillo de San Servando, puentes, casas y calles enteras.
Toledo también conserva una serie de insuperables ejemplos de construcciones de los siglos XV y XVI: la iglesia de San Juan de los Reyes y la catedral, los hospitales de San Juan Bautista y Santa Cruz, la Puerta Nueva de Bisagra, etc. Cada uno de estos monumentos es un ejemplo perfecto de un tipo concreto de arquitectura del Siglo de Oro español, ya sea de carácter religioso, hospitalario o militar. Asimismo, Toledo presenció a partir de la Edad Media la aparición de un estilo mudéjar que combinaba los elementos estructurales y decorativos del arte visigodo y el musulmán, adaptándolos a sucesivas evoluciones: Santiago del Arrabal (siglo XIII), el Taller del Moro y la Puerta del Sol (siglo XIV), el revestimiento del Hospital de Santa Cruz y la sala capitular de la catedral (siglos XV y XVI), por citar unos ejemplos.
Dos milenios de historia perduran dentro de las murallas de una ciudad terminada por el rey Alfonso IV, que fue sucesivamente municipium romano, capital del reino visigodo, fortaleza del Emirato de Córdoba, avanzada de los reinos cristianos en su guerra contra los sarracenos y sede temporal del poder supremo bajo Carlos V, que le otorgó la distinción de ciudad imperial y coronada. Esta ciudad museo escapó milagrosamente a su previsible decadencia económica y política a partir de 1561, año en que Felipe II eligió a Madrid como su capital definitiva.
Todas las civilizaciones que contribuyeron a la grandeza de Toledo dejaron un legado de increíbles obras maestras con la belleza original de un estilo muy característico, a la par que el sincretismo paradójico de las formas híbridas del estilo mudéjar, fruto del contacto de civilizaciones heterogéneas. Todo ello surge de un entorno caracterizado durante mucho tiempo por la coexistencia de tres grandes religiones (el judaísmo, el cristianismo y el islam).
El Alcázar de Toledo es una impresionante edificación situada en el punto más elevado de la ciudad. Al principio, los romanos lo utilizaron como palacio. Los cristianos lo reconstruyeron durante el reinado del rey Alfonso VI. Posteriormente, Alfonso X el Sabio continuó con unas obras de construcción que incluyeron la planta cuadrangular y las almenas de sus esquinas. Sus fachadas presentan diferentes estilos según el periodo: la occidental es característica del Renacimiento, la oriental es medieval, la fachada norte es plateresca y la del sur, erigida por Juan de Herrera, es de estilo churrigueresco. También tiene un patio de dos plantas con capiteles corintios. El Alcázar ha sufrido incendios en varias ocasiones (en 1170, justo un siglo después, en 1867 y en 1882). Al estallar la Guerra Civil, la Academia Militar tuvo su sede en este edificio. Cuando acabó el conflicto, se había destruido por completo. Posteriormente se reconstruyó y hoy en día aloja oficinas del ejército y un museo.

