Onanismo naranja
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Año: 2009.
Director: Daniel Monzón.
Reparto: Luis Tosar, Alberto Ammann, Antonio Resines, Carlos Bardem, Marta Etura, Vicente Romero, Manuel Morón, Manolo Solo, Fernando Soto, Luis Zahera, Félix Cubero, Joxean Bengoetxea, Juan Carlos Mangas, Jesús Carroza.
Género: drama carcelario.
Calificación: sobresaliente.
Celda 211, compañeros, parece ser la película ésa de la que todo el mundo habla, pero que pocas personas han visto realmente. Como a mí no me gusta hablar sin saber porque no nací para profesional de la mentira, esta tarde he arrastrado a una amiga a ver esta maravilla fílmica antes de que desapareciera de nuestra cartelera por los avatares del destino y la presión del mercado. Y qué buena, colega.
Juan se acaba de sacar las oposiciones para funcionario de prisiones; con tan bello nombre pero tan mala elección de carrera, decide presentarse con 1 día de antelación en la cárcel en la que trabajará, con tan mala suerte que Malamadre, el líder de los presos, decide organizar un motín. Ante un accidente con las obras y los encarcelados decididos a usar la violencia física para alcanzar sus medios, los compañeros de Juan le abandonan en la celda 211 a su buena suerte, y éste decide hacerse pasar por un nuevo recluso e intentar solucionar la situación desde dentro para poder escapar tras acabar con el motín. Sin embargo, Malamadre tiene 3 presos de ETA como rehenes para presionar al Gobierno con sus reivindicaciones de mejoras dentro de las cárceles, y Juan terminará viendo con una óptica diferente, obligada por las evidencias y los acontecimientos, a los presos y a los diferentes siervos del Estado, más dispuestos a morir matando que a hacer uso de las negociaciones.
Ahora alguien dirá En este país sólo se saben hacer películas sobre la Guerra Civil o sobre ETA
, y razón no le faltará con tan airada aserción, pero yo le recomiendo que deje ese cuchillo donde estaba y vea la película antes de seguir haciendo enfurecidas críticas sin fundamento, porque a veces me entran unas ganas de darle un bofetón que... Ehm... ¿Por dónde íbamos? ¡Ah, sí! Lo que quería comentarles es que el uso que se hace de ETA en esta película viene amparado por una necesidad de legitimación realista del argumento, no como una artimaña sensacionalista al uso; de hecho, yo ni siquiera sabía que fueran a usar esa carta y, al principio, también he recelado, pero está muy bien jugada y Vds. han de creerlo porque yo soy más listo.
Por otra parte, ¡qué grandísima la actuación de Luis Tosar como Malamadre, aquel del que nadie se ríe! Este tuerto en el país de los ciegos con el que uno no puede dejar de empatizar a medida que avanza la trama es un personaje magnífico. Cuando empieza la película, piensas que será el típico asesino en serie al uso, descerebrado y frío, pero cuando determinados eventos se disparan y deja salir su lado humano (y también el inhumano), maldición, qué 2 huevos más bien puestos, por muy patriarcal que resulte la expresión. Descubrir que el estereotípico personaje egoísta y psicópata que esperabas lanza una revolución en el interior de la cárcel porque quiere mejorar las cosas y no porque sea simplemente un zumbado... Buf, será que soy como soy, pero algunas cosas me tocan. Sé que Vds. no lo entenderán muchas veces, pero mientras el Señor les repartía grandes bíceps y rubias matas de pelo a Vds., yo cogí doble de otras cosas; a veces incluso pienso que salí ganando.
¿Y qué me dicen de los giros en el guión y de los personajes grises? El líder de los colombianos que no demuestra de qué pasta está hecho hasta el final, los representantes del Gobierno que están encantados de hacer las cosas sin pensar, los violentos que nunca debieron serlo y encima terminan sus días traicionando a quien nunca debieron dejar abandonado ni tocar las narices... ¡Es una película muy intensa!
Quizá lo peor es que la crítica subyacente al sistema penitenciario no se hace muy evidente si no quieres verla, y todo queda camuflado en una suerte de tragedia que puede tocar al Gran Público por las razones equivocadas; es probable que muchos no se planteen que, en el interior de las cárceles del mundo, hay gente de buen corazón que un día robó por necesidad, personas decentes que terminaron actuando de mala manera por decisiones equivocadas, y alguna otra gente cuya solución no pasa por estar encerrada toda su vida entre 4 paredes; los lodos que quedan dentro de esos edificios han sido creados por los barros que nosotros mismos somos, y si no hubiera pobres y ricos, no habría necesidad de robar. Es una forma simple y, quizá, muy rebatible de expresar una idea que es mucho más complicada en mi cabeza que todo esto, pero Vds. no quieren que les dé la chapa porque es más fácil vivir si te desentiendes de todo lo que está mal en el planeta.
Pero aunque no les moleste con mis cosas, permítanme que haga uso del derecho a cita para mostrarles esta frase que tanto me ha gustado de la crítica de la película que hace Pablo Kurt en FilmAffinity: Qué grande Tosar, magistral componiendo un personaje memorable, no sólo por cómo lo interpreta, sino por cómo logra que el público en la sala, la sociedad libre, consiga ver al ser humano que hay en todo recluso, aferrado a la violencia en nombre de sus principios. Como tantas veces hace la sociedad libre, vamos
. Se puede decir más alto.
Una de las cosas que siempre me ha divertido de escribir ―a falta de los premios, los recitales, las publicaciones o las groupies, aunque sean feas― es ver cómo se ha ido transformando mi relación no sólo con el propio acto de escribir, sino con su secuela irremediable. Con el haber escrito. No sé si me hago entender. Disculpadme en todo caso, pero anoche di por finiquitado lo que vendría a ser el tercer libro de narrativa que perpetro en el último año y medio y aunque quede mucho por reciclar, pulir, corregir y previsiblemente amputar (en otras palabras: que la cosa no es legible) yo considero que la cosa ha terminado cuando se cierra la fase del rapto que me empujó a escribirlo. No habló de inspiración. Hablo de empuje. Es diferente. Parafraseando a Lowell parafraseando a Valery: cualquiera puede lograr un verso inspirado; a cuantos le salen otros seis que sean siquiera pasables (yo cito poco, pero cuando lo hago, cito a Lowell). Y el orgullo de ese haber no te lo puede quitar nadie.
En Vida extra hacen un análisis de Mass Effect 2, el juego de ciencia ficción del año.
En ¡Vaya tele! apuntan varias razones por las que la renovación de FlashForward no tiene buena pinta.
Although your 30s are not, considering the life expectancy, really the middle of your life, they are the middle of your productive life, and the end of your youth in social patterns. You’re not longer a young adult, you’re just an adult entering the race to reach the old age.
It does, however make me think about two things. First of all the goals I have in life and that it seems that I’m running out of time every day. Not long ago I was asked of what I wanted to do before dying, and end up with a list, that includes doing a PhD, publishing a couple of books, record a proper studio based music albums and make some music for a film or documentary, buy a house, adopt a child, travel around the world, and the obvious, have a proper an steady relationship.
To be successful, a lot of those things have to be made in my following decade, but it seems that I don’t have enough time! And that worries me.
It also seems that since I didn’t had a very crazy youth, I have the temptation of doing that kind of stuff now; but on the other hand, if I didn’t do it when I was more immature, why should I go for it now that I’m more aware of the consequences, and the things that give me real joy?
There’s also the society pressure, where it seems that you are doomed to became a single forever if you didn’t manage to get a proper relationship on your 20s. On words of Lily Allen, “it’s sad but it’s true how society says her life is already over”. So, living in a society which focus on looks, age and things like that, statistically my chances seem to shrink with every passing day.
So here I am, in the verge of ending my youth, and wondering what I have done with my life and asking myself what is my reason to live? They say that it's not enough to just live. You have to have something to live for. The easy answer will be to achieve the goals I stated before, but to be honest, most of the time I find myself still figuring out which is mine.
Imaginemos que esto es un cuento y que hablamos de las cosas como si no fueran con nosotros; una ventana y una mirada, un silencio atronador.
todo eso.
Érase una vez, [no no no, no fue una, fueron muchas, tantas que se perdieron las cuentas, y por eso hoy escribo, -o intento escribir-, con intención de que no se note demasiado, de que sigo siendo idiota.] que se era. [que lo soy]
Érase muchas veces, una ventana, una mirada y un silencio atronador.
Escribía Becquer que por una mirada, un mundo, por una sonrisa, un cielo, y apostillaba Rosendo, ¡que desilusión! (es sólo una canción) pero la mirada, el mundo, la sonrisa y el cielo -y el cuento de la Nostalgia-, siempre han ido de la mano.
¿Qué no?
Hoy escribiría un poema, de aquellos de los de antes ¿yo? No, yo no, la del cuento imaginario -que una vez fue poeta-, casi no la recuerdo, tal vez se fue.
O se fueron los motivos de su pluma, que total.
Pero escribiría un poema, y recordaría su nombre, hasta se atrevería a escribirlo. -para que tú, impertinente como sólo tú sabes ser, te regocijaras en su tristeza-.
Porque es tristeza lo que siento ¿Sabes?
tristeza cuando recuerdo
y tristeza cuando te olvido.
Y ese maldito silencio, -respetable-, dentro y fuera del cuento. –por supuesto-
Debería dejar de llover; estas líneas jamás habrían sido.
Érase infinitas veces una gota de agua que moldea la roca, y, el tiempo, distendido.
No.
Tristeza cuando te omito, eso me dejaste, un enorme rincón vacío.
Hoy voy a añorarte, porque quiero recordar,
sin permiso, sin conciencia,
hoy voy a fundir mi alma en el silencio,
lejos de todo, cerca de ti.
Érase una vez y otra, el lobo, que vino invitado a comer, y se comió las entrañas y las vísceras del alma, el poema, su inocencia y mis ganas. Nada dejó en la mesa.
Ya ves.
O tal vez, érase que se era hace mucho muchíííísimo tiempo, una letra que engarzaba con otra y se anillaba entre su pelo y, le contaba al viento que siempre estaría allí.
Que falaz.
O quizá, érase que nunca fue, y por ello la Nostalgia y la apatía, la mentira, o su verdad, ¿y si acaso recordara y recordara otros motivos? ¿Otra vida?
¿Beneficio de la duda?
¡JA!
Y colorín colorado, el boceto de Nostalgia se ha acabado, y la esperanza es, -según Maki Navaja- esa Puta que va vestida de verde.
Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, se acabó el minuto para recordar.
hala, a otra cosa que es p'ayer.
Reseña de A diez mil años luz, de James Tiptree, Jr., en Lothlórien.
The Giver
Lois Lowry
Everest / Círculo de Lectores
240 págs.
A veces en la literatura juvenil encuentras verdaderas perlas. Este es el caso de "El dador de recuerdos" una novela narrada de manera muy sencilla, pero no por ello menos reflexiva o demoledora.
"El dador de recuerdos" trata de una sociedad pacífica, ordenada e igualitaria hasta la náusea, en que todo el mundo tiene su lugar y todos saben qué hacer y qué se espera de ellos. Un mundo en que todo está planificado: desde el nacimiento hasta la muerte.
Un mundo en que no hay diferencias importantes. No hay montañas. El clima es monótono y, por no haber, no hay ni colores ni música. Todo ello en nombre de la paz y de la utopía en que viven inmersos sus felices habitantes.
Pero, ¿qué pasa con los que no encajan? La respuesta a esta pregunta y otros misterios hará que el protagonista, Jonás, el elegido para ser el próximo Dador de Recuerdos, el cargo más honorífico y más temido de la sociedad, cambie de manera irreversible.
A veces, es en las utopías más aparentemente pacíficas y benévolas en donde se enconden las mayores monstruosidades y ésta no va a ser una excepción. Con referencias múltiples a otras obras similares, como 1984 (George Orwell), ¿Un mundo feliz? (Aldous Huxley) o Este día perfecto (Ira Levin) o La fuga de Logan, la utopía se convierte en distopía. Las dos caras de la misma moneda.
Y es que Jonás, a parte de tener ciertas capacidades especiales, no deja de ser una persona normal que cuando descubre la terrible verdad sobre la que sustenta su "civilización", no puede quedarse impasible.
Jonás tiene mucbho en común al protagonista de "Los que se alejan de Omelas", de Úrsula K. LeGuin y el argumento es claramente deudor de este magnífico relato de quien Julián Díez dijo una vez que "era claramente definitorio del siglo XX".
En fin, una novela juvenil para adultos, que se lee rápidamente, pero que deja una huella difícil de borrar a poco que se medite.
Forma parte de una trilogía, continuada en "En busca del azul" y "El mensajero" y está prohibido en muchas escuelas de los Estados Unidos, al parecer por algunos de los "controvertidos" temas que toca. En fin, censura pura y dura.
Leyendo los diarios en línea me encuentro una noticia sobre Christina Aguilera, mujer de hermosa voz e imagen altamente plastificada, que llama mi atención por la cabecera, pues muestra un par de fotos comparativas bastante contrastantes; una de ellas la foto supersofisticada con los labios rojos que la caracterizan, la otra foto, poco favorecedora, sale con poco maquillaje por los requerimientos de una película que está realizando. Hasta ahí nada tiene de extraordinario, si no fuese porque me dió por mirar los foros admitidos bajo la nota y empezar a admirarme ante las muestras de envidia, rencor, burla y anexos de los comentaristas anónimos. ¡Cuánto rencor y cuánta rabia! ¡Cuánta frustración por no ser poseedores de la perfección idealizada! Perfección que, por otro lado, sólo es posible gracias al retoque del maquillaje y el photoshop.Y vuela la memoria hacia una vieja película protagonizada por una entonces joven y alocada Angelina Jolie, encarnando a otra joven y alocada personalidad del mundo de la moda: Gia. ¿Gia qué? No tengo idea. Nunca me interesó lo suficiente la película para ponerme a investigar sobre la desafortunada chica hermosa que tiró su vida por el caño. Recuerdo, eso sí, la parte en la cual es ingresada a un centro de rehabilitación para tratar de retirarla del vicio de la heroína, y ahí la encara una chica también adicta que comenzó con las drogas para paliar su frustración de no ser tan bella como Gia. La increpación que la chica le hace podría resumirse en lo siguiente: "Me drogaba porque no podía verme como tú, porque nadie fue capaz de decirme que eso no era real, y ni siquiera tú puedes verte en la vida real como te ves en las portadas."
Cuesta abstraerse del constante bombardeo de la imagen de la mujer prefecta, de las mmiles de portadas de revistas, de anuncios que nos persiguen y nos recuerdan que hay que tener un cutis de porcelana, lábios suculentos, cintura de avispa, piernas kilométricas, cabelleras sedosas, miradas felinas, etc., etc., etc. El impacto en las jóvenes y no tanto es brutal. La envidia, la depresión y la frustración están a la orden del día. Los productos milagro en realidad lo que nos venden son vanas esperanzas. ¿Y el ser en dónde queda? ¿Debajo de una capa de corrido maquillaje?

FICHA ARTÍSTICA:
Título original: "L'Altro Inferno"/ Dirección: Bruno Mattei/ Guión: Claudio Fragasso y B. Mattei/ Producción: Arcangelo Picchi/ Fotografía: Giuseppe Bernardini/ Montaje: Liliana Serra/ Música: Goblin/ Intérpretes: Franca Stoppi, Carlo De Mejo, Francesca Carmeno, Susan Forget, Franco Garofalo, Paola Montenero, Sandy Samuel, Andrea Aureli, Tom Felleghy. Italia. 1981. Color, 89'.
Si en la anterior entrada hacíamos referencia a Antonio Bido como uno de los representantes del terror italiano más o menos "elegante", ahora le toca el turno al bueno de Mattei, que viene a ser algo así como la otra parte contratante. Es decir, uno de los más distinguidos ejemplos del terror transalpino más visceral y desprejuiciado.
De todas formas, quien suscribe, jamás se cansará de defender a este cineasta, del mismo modo que al Fulci de las mejores épocas. Son directores que sabían muy bien lo que querían contar, cómo contarlo y cómo "llegar" a su público. Además de tener una capacidad innata para la creación de secuencias y planos impactantes, sin importar ni los medios, ni la coherencia narrativa.

En este caso, Mattei aborda con su característico estilo uno de esos subgéneros que con el tiempo se fueron popularizando y que cineastas como Joe D'Amato o el propio Fulci (en diferentes ocasiones) trataron también: el de las monjas y el satanismo.
Algo que, no hace falta ser un Pitágoras para darse cuenta, siempre daba ocasión de introducir cuerpos femeninos ligeros de ropa, morbo eclesiástico, además de los propios elementos estrictamente terroríficos. En ese sentido, las historias de terror con monjas siempre dieron mucho juego. Otra cosa es que formalmente dieran lugar a obras más o menos aceptables.
En este caso, estamos ante una de las más distinguidas. A pesar de toda la (inevitable) gratuidad de sangre y vísceras (algo que ya es intrínseco a cualquier filme de Mattei, desde los más logrados hasta los más cochambrosos), aquí el cineasta italiano consigue un innegable clima de "mal rollete", al saber aprovechar perfectamente esos escenarios claustrofóbicos y siempre sugerentes que son los monasterios cerrados llenos de rincones oscuros, de pasillos secretos, catacumbas, habitaciones prohibidas...El personaje principal es un joven sacerdote, aunque en realidad lo de sacerdote lo sabemos por el alzacuellos y porque él lo dice, ya que su comportamiento es el que podría tener cualquier tipo que llega a un convento de monjas a investigar los fenómenos extraños que se producen allí. De sutilezas, más bien pocas, no nos engañemos. No estamos ante un personaje tan complejo y rico como el Padre Karras de "El Exorcista", precisamente. Por cierto, que dicho cura está interpretado aquí por Carlo De Mejo, conocido sobretodo por ser hijo de la mítica Alida Valli. Y según cuenta Mattei, un actor que iba bastante "a su bola".

El guión del filme lo firma el ínclito Claudio Fragasso, que si hemos de hacer caso a De Mejo, casi dirigió la mitad de la película, ya que mientras Mattei estaba en un escenario rodando una escena, Fragasso hacía lo propio en otro.
Hablar de Fragasso, ya sea detrás de las cámaras, como en labores de guionista, es sinónimo de endeblez y casposidad, qué duda cabe. Ésta no es una excepción. Lo más flojo de "Terror en el convento" es el guión. Más que de un argumento hilado o de una trama con cara y ojos, cabría hablar de una sucesión de pasajes terroríficos más o menos relacionados con un lugar y una tipología de personajes concretos, pero poco más. Especialmente, la segunda mitad de la película es prácticamente un dislate, en cuanto a desarrollo argumental.De todos modos, esta falta de rigor es casi un signo distintivo de esta clase de cine. Como decíamos antes: el sacrificio de la coherencia narrativa en detrimento del efecto. Lo que prima es, sobretodo, el desarrollo de las secuencias a fin de conseguir la meta perseguida. Esto es: impactar al espectador. En ese sentido, la película cumple con su cometido a las mil maravillas.

Y es que "Terror en el convento" (mucho más bonito su título original "L'Altro Inferno", por cierto) va sobrada de elementos de horror: monjas poseídas, escenarios claustrofóbicos, animales asesinos, zombies, niños deformes, encarnaciones demoníacas... En definitiva, un auténtico desfile de casquería y salvajadas "made in Mattei". Todo ello dispuesto, y he ahí el gran valor de este cineasta, con una gracia y un estilo que son más difíciles de imitar de lo que parece. O sino, que se lo pregunten a los americanos. ¡Y con música de Goblin!
Si alguien te dice, vamos a ver una película yugoslava, si de Yugoslavia, aquel país que teníamos en los atlas de cuando estudiábamos de pequeños, pero que ahora ya no existe, que ahora se ha dividido en unos cuantos. Que el idioma original es el serbo-croata, como corresponde a la nacionalidad de la misma, no me pueden negar que de principio, sienten recelo, y que para sus adentros opinarían que en que fregado se van a meter. Pues desde aquí les recomiendo que se quiten los complejos y que se dejen llevar, el cine no entiende de nacionalidades, es un arte universal y en cualquier sitio podemos encontrarnos ejemplos muy agradables y dignos de ver.Este trabajo del director Sijan, acostumbrado más a la televisión que al cine, goza de una frescura inusual, ante todo advertirles que es una comedia ácida, en la que se pueden destacar bastantes cosas que la hacen deseable a la hora de visionarla. El arranque inicial ya sorprende por si mismo, los Topalovic, son una familia de hombres, nada menos que seis generaciones siguen con vida, cada vez que uno de ellos viene a este mundo la madre muere en el parto y para mayor aditamento desde hace años han vivido del negocio de la funeraria.
No me pueden negar que no es original lo que les acabo de contar, las disputas entre todos ellos por heredar el negocio se hacen constantes, los padres ejercen su hegemonía sobre los hijos. Convirtiéndose algunas de las escenas en una consecución de golpes de unos a otros desde el más mayor al menor que recuerdan al más puro slapstick de hace unas décadas. La producción está llena de un humor negro, ácido, que a veces narra lo corrosivo, pero que funciona perfectamente durante todo el metraje.
La ambientación es totalmente adecuada, el entorno en el que se desarrolla la historia es completamente gris, las calles, la arquitectura, incluso el plomizo cielo que lo cubre todo. Los personajes visten de negro sobre camisa blanca, lo que hace mayor el contraste entre ambos colores antagonistas, por si todo esto fuera poco imagínense que decorados puede tener una funeraria y por otro lado que gran parte de la acción se desarrolle en un cementerio.
Todo este entorno fatalista y negativo, sirve para arrancar continuamente la sonrisa del espectador, las luchas y los amores entre las familias Topalovic y la familia de Bill Piton (Zoran Radmilovic) son lo que realmente dan salsa a la historia. Un toma y daca que viene de hace años en los que unos hacen negocio ayudando en el de otros y en el que se producen situaciones de lo más grotescas, pero al mismo tiempo de las más divertidas.La estructura inicial puede equivocar un poco ya que nos ofrecen unas imágenes de archivo en las que se puede apreciar el asesinato del archiduque de Austria en Sarajevo, hecho detonante de la primera guerra mundial. También se hace una especie de homenaje al cine con el personaje de Djenka (Bora Todorovic), más concretamente a los comienzos del cine porno. Desde aquí decirles que no les conviene desperdiciar la oportunidad de verla si en algún momento concreto la tienen.
Yo, que he estado toda la pretemporada siguiendo al equipo, siempre al tanto de los fichajes, tirándome de los pelos porque la directiva y el cuerpo técnico no han sabido retener a la mayor estrella de la temporada pasada, Kaká Matas, creo firmemente que estos chavales van a acabar en la final del torneo. Vosotros que sois hombres de poca fe no confiáis en que, a medida que avance el año, os vais a encontrar mejor físicamente, es ley de vida. En cuanto veis la fiesta de Industriales en el horizonte, se os pone la testosterona por las nubes, jodíos. Este año tienen un mariscal en la defensa como es Pedro el Guapo, un pedazo de portero que ya conoce a sus compañeros como es Sevilla Atlético... ¡y ha vuelto el gol, Van Manuel, a los Chicharritos, chato! Si se tiene al portero y se tiene al delantero, y todos los que hay por medio se ponen el mono de trabajo y corren, al final un equipo se acaba imponiendo a otro. Miguel, que tú vas por ahí presumiendo de carné de atleta y ahora te haces caquita al pensar que tienes que debutar de aquí a nada en el deporte definivo como es el fútbol. Tápate, que como te vean los de tu equipo tan cagón como en este debate, vas a acabar como todos los mantas que dejan de jugar el Rector pasando de la veintena. Y, Escofil, ponte a estudiar las oposiciones que acabo encontrando yo trabajo antes que tú.
Mira, Escofil, vamos a pasar la fase de grupos y, ya veremos si lo hacemos como primeros. ¿Tú has visto cómo la toca Pedro el Guapo? Pero si ese niño recibe el balón en los pies y sabe a quién se lo tiene que dar incluso antes de que se le muevan los compañeros que tiene alrededor. Paco Baresi, Van Manuel, Ismael Agüüüüerooooo, Sevilla Atlético, O Rei Serginho, ¿te parecen malos? Es que nunca hemos juntado tanta gente buena en el mismo campo jugando con la misma camiseta roja. Eso sí, a partir de los grupos, que nos empecemos a cruzar con gente de nuestro nivel, empezaremos a sufrir lo de siempre, que no estamos bien entrenados y que no nos compenetramos. Lo que nos pasa es que estamos centrados en lo verdaderamente importante, que son los estudios, y no en el fútbol, que esto lo tomamos como un hobby pero que este año vamos a mejorar con respecto al pasado de forma asombrosa. Escofil, eres un llorica y un envidioso, porque lo que tú siempre has deseado hacer con un ordenador, nosotros lo hacemos con la chorra. Ojito, Sánchez, que en febrero empieza el circuito y yo llego como una bala a las primeras carreras del año, que yo no soy sospechoso de esconderme.
Escofil: Eliminados a la primera.Acostaos y sudad. ¿Habláis en serio? ¿Veis a los Chicharritos si quiera ganando un partido? Estudiantes de ingeniería. En tres palabras os he resumido por qué no van a ganar ni un duelo contra otra gente. Hay dos razones principales, y os las voy a explicar igual que si fuerais esos niños que me tocará enseñar de aquí a unos pocos añitos, ¿vale? La primera es que, vamos, la mayoría de los que juegan ahí son informáticos y, por ende, físicamente están limitaditos. Vale que le ganen a cualquiera siendo los más rápidos tecleando en un ordenador, pero a la hora de echarse al campo a correr como locos, ahí fallan. Deberían meter un par de letras y otro par de Magisterio, veréis lo que es juego físico y no obsesión por la táctica. Igual así no os meten ocho o nueve goles como hace un par de años. Ah, y la segunda, ¿quiénes son los árbitros? Ingenieros no, desde luego. Pues no sé cómo no os van a pitar en vuestra contra como el año pasado (que os robaron, bien robados, que sois malos hasta para eso), si todos los años ponéis a los menso graciosos de vuestra carrera a hacer chistes de los demás. Aprended política, copón.
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El tiempo vuela cuando se está en buena compañía. Un año más se ha escurrido y como cada ocho de febrero toca hacer balance de lo sucedido.
En el debe destaca el descenso significativo tanto en el número de visitantes únicos: 14.490, 3.766 menos que el año pasado, como de páginas cargadas: 25.464, 4.710 menos que en el 2009. En el haber hay que apuntar que vuestros comentarios se han doblado respecto al año anterior. Han sido, sin contar los propios, 317. 159 más que en el 2009. También hay balance positivo en las suscripciones CSS: 39 de media en enero de 2010, 14 de incremento respecto al mismo mes del año pasado, y 18 de media global, un incremento de 6 suscriptores respecto a la cifra que marcaba el año pasado.
Lo que se mantiene constante es mi pereza recalcitrante. A lo largo del 2009 he escrito 69 entradas, una más que en el 2009, lo que hace una media de entrada nueva cada 5,28 días.
Decía que el tiempo vuela cuando se está en buena compañía y, más allá del tópico, buena prueba de ello es lo rápido que ha desfilado este 2009. El año en el que he publicado mi primera novela en papel, en el que he ejercido de jurado literario por vez primera y en el que tuve el placer de pasear por las empinadas calles de Lisboa. El tiempo vuela cuando se está en buena compañía, y la verdad es que no se me ocurre ninguna mejor que la vuestra. Muchas gracias.
El bebé estaba jugando con sus coches y muñecos cuando sintió el zumbido de una legión de enormes insectos que revoloteaban a su alrededor. Frenético, agitó las manos tratando de apartarlos, pero eran demasiado rápidos para su cuerpo aún no demasiado coordinado. Pequeñas ronchas rojas se formaban en su piel allí donde impactaban las picaduras de aquellos siniestros animales que no parecían conocer la piedad. Vencido por el dolor, el bebé comenzó a llorar y patalear desconsolado, destruyendo sin querer los pocos edificios de la ciudad de Kyoto que todavía quedaban en pie.
¡Albricias! Minotauro nos ofrece un título nuevo en su colección de clásicos, no una reedición, y recupera una novela de John Wyndham que llevaba 30 años descatalogada en España. A la postre, se trata de un título menor, que difícilmente puede merecer esa etiqueta de clásico, y hay una razón comercial de fondo en su publicación puesto que Steven Spielberg adquirió los derechos para adaptarla –y dirigirla-. Pero sin duda hay que conceder que se trata de lo primero que se publica en la editorial en el último año que no avergonzaría a Paco Porrúa, así que recibámoslo antes que nada con la esperanza de que sea un primer paso hacia la presencia continuada de buenas novedades en la casa.
No es casual el interés de Spielberg en esta novela: cualquiera que haya visto ET o IA puede darse cuenta de que Chocky es material para inspirar una película similar. La historia se cuenta en dos patadas: Matthew, un niño espabilado pero corriente, comienza de un día para otro a hablar con una amiga imaginaria, Chocky. Su presencia, sin embargo, se va mostrando paulatinamente intrusiva: mantiene al niño ausente, le hace interesarse por temas inadecuados… De forma que cualquier lector medio despierto –ni siquiera es necesario que sea habitual del género- se olerá la tostada de lo que está pasando antes de mediado el libro.
Wyndham no lleva aquí un trabajo de la envergadura de El día de los trífidos, sino que ejecuta con ligereza una novela que hoy seguramente se publicaría como juvenil. Los diálogos fluyen, la narración en primera persona a cargo del padre de Matthew es eficaz y verosímil, y la dosificación en el leve misterio es conveniente para mantener la atención del lector. Curiosamente, la novela es bastante poco siniestra, bastante menos de lo que resultaría en las manos de Ray Bradbury, por mencionar un contemporáneo que tocó temas similares. El propio Wyndham escribió una obra con protagonistas infantiles, tono más oscuro y resultados algo más relevantes, Los cucos de Midwich, también adaptada en varias ocasiones al cine.
Por su ligereza y brevedad, Chocky se hace de inmediato una lectura simpática, así como un reflejo de una época no tan lejana –la novela es de 1968- en la que la educación y las relaciones padres-hijos eran bien distinta. Matthew, de apenas 11 años, sale y entra en casa cuando le parece, y en una ocasión, para despistar a la prensa, simplemente se marcha todo el día con unos sándwiches. En un momento dado en que desaparece durante más de una semana, la reacción de sus preocupados padres contrasta con el imaginable fenómeno mediático que produciría un hecho similar hoy.
Esperemos que el interés por la obra de Wyndham, un buen artesano inglés, conduzca a la recuperación de algún otro título relevante, como Las crisálidas, o por obras contemporáneas suyas de calidad como La muerte de la hierba, de John Christopher.
Otro de mis relatos cortos aparecidos en la página especializada en relatos cortos Químicamente Impuros. Como comenté cuando dí la noticia de la aparición de otro relato en Breves No Tan Breves, los colaboradores de estas páginas tienen permiso para tomar de mi blog los relatos que crean convenientes para publicarlos.Para acceder a La Noche se Acaba.
A todos mis relatos en QI.
Directamente a Quimicamente Impuro
Imperio es el segundo volumen de La leyenda de Sigmar, la serie de Warhammer que relata la épica historia de Sigmar y de la fundación del Imperio.
Después de expulsar a los invasores orcos, Sigmar une a todas las tribus de hombres y funda el Imperio. La recién nacida nación crece, pero su prosperidad aún no está asegurada. Las tierras del Imperio siguen siendo salvajes e indómitas y muchos enemigos merodean en sus bosques y montañas. Cuando una invasión del Caos se acerca desde Norsca, el consecuente enfrentamiento pondrá a prueba del modo más brutal las habilidades de Sigmar y sus caudillos.
Fechas Salida: Marzo 2010
Llevaba tiempo queriendo hincarle el diente a Haruki Murakami, un autor que se ha puesto de moda y del que tengo buenas referencias. Siempre he pensado que una recopilación de cuentos es una forma muy buena de iniciarse con un autor así que “Sauce ciego, mujer dormida”, una antología publicada originalmente en inglés con cuentos de toda su carrera, me pareció el mejor sitio por donde empezar con su obra.
Y, realmente, no he quedado defraudado. Murakami tiene fama de ser el más occidental de los autores japoneses, lo cual es cierto pero, afortunadamente, aún queda un buen poso de cultura japonesa en sus escritos, lo suficiente como para que un españolito les coja el punto pero, a la vez, tengan un aire exótico y diferente que les hace muy atractivos.
En estos cuentos hay de todo, fantasía y realismo pero siempre con un toque peculiar. Incluso aquellos relatos que no dejan de ser un trozo de la vida japonesa contemporánea no dejan de resultar inquietantes y especiales. Esto puede ser un simple reflejo del choque cultural entre Oriente y Occidente pero también un enfoque consciente de Murakami, su toque personal que hace que sus libros tengan un no se qué muy atractivo.
Es curioso pero Murakami no es exactamente un estilista aunque, como ya he dicho, posea una voz propia inconfundible. Escribe muy sencillo, muy simple pero, a la vez, de una forma extremadamente personal, algo muy interesante (hace que los lectores no se espanten y lean sin problemas aunque las tramas sean raras) y, creo adivinar, nada fácil.
En cuanto a los cuentos, los más antiguos son los más indescifrables y enigmáticos. Poseen un aire onírico y surrealista muy acentuado, de hecho más que sueños parecen trozos de sueños, puzzles a los que les faltan muchas piezas, juegos de los que no comprendemos las reglas (por ejemplo “La tragedia de la mina de carbón de Nueva York” o “El cuchillo de caza”). Sin embargo, a medida que avanzan los años sus cuentos se van depurando y van resultando más comprensibles y maduros. Y reconozco que más atractivos.
El fantástico de Murakami es muy realista, ambientado en la vida cotidiana, y en el que sus protagonistas no se sorprenden especialmente de las extrañas cosas que pasan a su alrededor. Muchos de los temas habituales del fantástico occidental (no estoy seguro que también del nipón) aparecen en este libro: el mundo especular (“El espejo”, efectivo pero un tanto rutinario), pesadillas kafkianas (“Somormujo”, por otro lado divertidísimo), monstruos similares a nosotros (“El hombre de hielo”, uno de los mejores cuentos de todo el libro), fantasmas (“Hanalei Bay”, cotidianos y poco atemorizantes), animales parlantes (“El mono de Shinagawa”, donde en unas pocas página se crea un mundo tan peculiar y complejo que a más de uno le habría dado para una novela), cuentos extraños (“En cualquier lugar donde parezca que esto pueda hallarse” otro de mis preferidos o “La chica del cumpleaños”), predestinación (“Viajero por azar”), maldiciones (“La tía pobre”, “Nausea 1979”, o de cómo el vómito puede ser arte), terror casi lovercraftiano (“El séptimo hombre”, donde la descripción de algo parecido a un tsunami alcanza cotas de pavor impresionantes), …
Claro que, en el fondo, da un poco lo mismo la temática o, ya puestos, el género. Los cuentos de Murakami acaban tratando en el fondo de lo que más nos importa a los seres humanos: la vida y la muerte. Y aunque esta última siempre está presente, Murakami no es un autor ominoso o depresivo si no todo lo contrario. Sus cuentos nos muestran, en general, la fortaleza del ser humano, su dignidad ante lo inevitable y una cierta calidez humana que nos hace saber que, por mucho que pasemos, realmente, nunca estamos del todo solos.
Un autor muy interesante y del que, seguramente, leeré más cosas, lecturas que espero compartir con vosotros.













