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Castel del Monte

Castel del Monte se caracteriza por una perfección formal y fusión armónica con elementos culturales del norte de Europa, el mundo musulmán y la antigüedad clásica. Esta construcción es una obra maestra única de la arquitectura militar medieval, que refleja el humanismo de su fundador, Federico II de Hohenstaufen.

Federico II sucedió a su padre, el emperador Enrique VI, en 1197 cuando tenía tres años. Durante su reinado, que duró hasta 1250, impuso el orden en el rebelde reino de Sicilia, que incluía gran parte del sur de Italia e introdujo un periodo de intensa actividad cultural conocido como el «Renacimiento del Sur». Era un hombre muy culto, dominaba varias lenguas, con conocimientos profundos de matemáticas, astronomía y ciencias naturales. Federico II trajo académicos y artistas de tierras árabes, de Grecia y de otros lugares a su corte, mandó traducir al latín obras de Aristóteles, Averroes, Ptolomeo y Galeno y fundó la Universidad de Nápoles. Debido a sus muchos talentos, le apodaron Stupor Mundi (asombro del mundo).

Además, era un dirigente capacitado que introdujo la estabilidad social y económica en su pueblo. Sin embargo, en Italia seguía una política de monarca absoluto, a diferencia que en Alemania, donde promovía el sistema feudal. Por esta razón, y con fines defensivos, construyó una serie de poderosos castillos en sus tierras de Apulia, Calabria y Sicilia. El más grande e influyente fue el Castel del Monte. Su construcción finalizó en 1240 y se convirtió en la sede permanente de su corte. Con su muerte en 1250, el dominio Hohenstaufen del reino se debilitó. La dinastía angevina gobernó hasta mitad del siglo XV. Castel del Monte, que ya no era la sede del poder, sirvió como fortaleza y luego como cuartel hasta el siglo XIX, como la mayoría de los castillos de su época. Durante este tiempo fue perdiendo lentamente su decoración resplandeciente debido al saqueo, vandalismo y la dejadez.

El castillo se encuentra a 29 km al sur de Barletta en el municipio de Andria, sobre una cumbre rocosa que domina el paisaje que lo rodea. La planta tiene forma de octógono regular que rodea un patio, con una torre, también octogonal, en cada ángulo. Los muros están construidos con enormes bloques vestidos de piedra caliza con cuarzo brillante. A media altura, hay una cornisa que rodea los muros y que actúa como separación de las dos plantas internas. Cada planta tiene ocho habitaciones de igual tamaño, correspondiendo con los ocho lados de la estructura. Las habitaciones trapezoidales de la planta baja están cubiertas por prominentes bóvedas de crucería, sujetas por columnas embebidas. Las habitaciones de la planta alta son exactamente iguales que las de la planta baja, pero su ornamentación es más elaborada. Las bóvedas están sujetas por capiteles con forma de cariátide al estilo de Borgoña y Champagne que coronan columnas triples de mármol griego. La cúspide de la bóveda está decorada con un único capitel, también de estilo de Borgoña. Cada habitación tiene un banco de mármol en la base de las columnas y una cornisa de mármol decorativa. Es especialmente interesante la instalación hidráulica única para el baño, de claro origen oriental.

Cada una de las fachadas está perforada por dos ventanas. Las de la planta baja tienen aberturas de un solo arco (excepto en los lados donde se encuentran la entrada principal y la trasera) y las de la planta alta tienen dos aberturas ojivales. Las torres octogonales solo tienen estrechas aspilleras, colocadas de tal modo que se domine totalmente el campo de visión. En el interior, contienen habitaciones de servicio y escaleras. La entrada principal, de brecha de coral, reproduce la forma de un arco clásico triunfal que enmarca un arco ojival. Esta entrada ha sido descrita por un académico eminente como «el preludio al Renacimiento». Estos elementos se mezclan de forma acertada por todo el edificio con elementos orientales, como el uso de mármol y mosaicos. Muchos de ellos han desaparecido a lo largo de los siglos debido a la dejadez y el vandalismo.

Castel del Monte es de especial interés porque no cuenta con los elementos típicos de la mayoría de monumentos militares de este periodo (patio de armas exterior, foso, establo, cocina, almacén, capilla), por el rigor matemático y astronómico de la planta y la forma, y por el eclecticismo de sus elementos culturales, que provienen de la antigüedad, de la tradición cisterciense del norte de Europa y de los «castillos desierto» omeya y monasterios fortificados de Oriente Próximo y el norte de África.

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