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Centro histórico de México y Xochimilco

Del siglo XIV al XIX, Tenochtitlán, y posteriormente, Ciudad de México, ejerció una influencia decisiva en el desarrollo de la arquitectura, el arte monumental y el uso del espacio inicialmente en el imperio azteca y, más tarde, en la Nueva España. El complejo monumental del Templo Mayor representa de forma excepcional los cultos de una civilización extinta, mientras que el paisaje lacustre de Xochimilco constituye el único vestigio de la ocupación tradicional del terreno en los lagos de la cuenca de Ciudad de México antes de la conquista española.

La capital de la Nueva España, caracterizada por su diseño hipodámico, el espaciado regular de sus plazas y calles y el esplendor de su arquitectura religiosa, es uno de los principales ejemplos de asentamientos españoles en el Nuevo Mundo.

Los monumentos, los grupos de edificios o los lugares ubicados en el corazón de la ciudad contemporánea más importante ilustran ampliamente los orígenes y el crecimiento de esta ciudad, que ha dominado la región durante siglos. Sin embargo, las evidencias de todo ello están incompletas y dispersas. El conquistador Hernán Cortés arrasó la antigua ciudad de Tenochtitlán entre 1521 y 1522 para abolir cualquier rastro de cultura prehispánica. Durante los últimos 50 años, el asentamiento español, que disminuyó su prosperidad (100.000 habitantes en 1537, en comparación con los 500.000 aproximadamente en la época de la conquista), ha sido absorbido totalmente por las metrópolis gigantes de hoy en día. Los únicos vestigios que quedan de la capital azteca y de la capital de la Nueva España, así como del pueblo situado en la periferia, son algunas ruinas que han sobrevivido a la invasión del hormigón.

El lugar abarca dos zonas bien diferenciadas: el centro histórico de Ciudad de México y la zona situada en la orilla del lago de Xochimilco. El valor de estos dos terrenos no tiene parangón.

El centro histórico incluye el yacimiento arqueológico del Templo Mayor, que se excavó entre 1978 y 1982. Este presenta una serie extraordinaria de monumentos coloniales, de los cuales la catedral es el más famoso, y un conjunto impresionante de grandes edificios públicos de los siglos XIX y XX, como el Palacio de Bellas Artes. Por consiguiente, la continuidad histórica desde la fundación de Tenochtitlán en el siglo XIV hasta nuestros días se encuentra perfectamente representada.

La zona de Xochimilco, a 28 kilómetros hacia el sur, es el único vestigio que queda del paisaje lacustre de la capital azteca, donde los conquistadores destruyeron los monumentos y secaron los canales. En la orilla del lago residual de Xochimilco (el extremo sur del gran lago seco de Texcoco donde los aztecas establecieron su asentamiento en un grupo de isletas unidas a tierra firme por pasarelas), y en medio de una red de pequeños canales, todavía se encuentran algunas chinampas, es decir, los jardines flotantes que tanto admiraban los españoles. Este paisaje mitad natural mitad artificial es ahora una «reserva ecológica».

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